Las elecciones de 1933 supusieron un fuerte varapalo a las izquierdas republicanas y al Partido Socialista, y consolidaron a la Confederación Española de Derechas Autónomas, de ambigua lealtad republicana, como principal partido en el Parlamento. El gobierno progresista de Azaña fue reemplazado por un gabinete monocolor radical sostenido en las Cortes por la CEDA. La llegada de la CEDA al gobierno supuso la paralización de las reformas impulsadas en el bienio anterior y se extendió el sentimiento de que la CEDA había traicionado a la República. A lo largo de este bienio, la situación social sufrió un proceso de radicalización y confrontación ideológica del que no se salvó el PSOE, progresivamente escindido entre los sectores más centristas y demócratas, representados por Indalecio Prieto y Julián Besteiro; y el ala más radical liderada por Francisco Largo Caballero, cada vez más escorada hacia el rechazo de las instituciones republicanas y la defensa de una revolución proletaria al estilo soviético.
Esta deriva radical culminó en la Revolución de 1934, en la que el PSOE y la UGT (con la única oposición de los sectores centristas minoritarios de Besteiro) lideraron un violento movimiento insurreccional que sólo triunfó en Asturias, donde se estableció un orden revolucionario precario; y en Cataluña, donde la revolución tuvo un marcado carácter nacionalista. Los socialistas reaccionaban así a la entrada de la CEDA en el gobierno de la República.
En 1935, el PSOE participó en el Frente Popular, que aglutinaba a fuerzas republicanas de izquierdas, socialistas, comunistas y nacionalistas (muy similar al Frente Popular formado en Francia que tenían como finalidad impedir la llegada al poder de los partidos totalitarios de corte fascista, en auge en aquel momento). Esta coalición, nacida para enfrentarse a la derecha en las elecciones de 1936, obtuvo un ajustado triunfo en las urnas, pero su gobierno se vio interrumpido por el Alzamiento militar del 18 de julio de 1936 y la posterior guerra civil. Durante el transcurso de éste, el PSOE constituyó uno de los cimientos de los sucesivos gobiernos republicanos. Francisco Largo Caballero y Juan Negrín, ambos dirigentes socialistas, ocuparon la presidencia del gobierno en esa etapa.
Esta deriva radical culminó en la Revolución de 1934, en la que el PSOE y la UGT (con la única oposición de los sectores centristas minoritarios de Besteiro) lideraron un violento movimiento insurreccional que sólo triunfó en Asturias, donde se estableció un orden revolucionario precario; y en Cataluña, donde la revolución tuvo un marcado carácter nacionalista. Los socialistas reaccionaban así a la entrada de la CEDA en el gobierno de la República.
En 1935, el PSOE participó en el Frente Popular, que aglutinaba a fuerzas republicanas de izquierdas, socialistas, comunistas y nacionalistas (muy similar al Frente Popular formado en Francia que tenían como finalidad impedir la llegada al poder de los partidos totalitarios de corte fascista, en auge en aquel momento). Esta coalición, nacida para enfrentarse a la derecha en las elecciones de 1936, obtuvo un ajustado triunfo en las urnas, pero su gobierno se vio interrumpido por el Alzamiento militar del 18 de julio de 1936 y la posterior guerra civil. Durante el transcurso de éste, el PSOE constituyó uno de los cimientos de los sucesivos gobiernos republicanos. Francisco Largo Caballero y Juan Negrín, ambos dirigentes socialistas, ocuparon la presidencia del gobierno en esa etapa.
